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Cortesía

     CARTAGENA
Ante la serie de fallos adversos queda la alternativa de eliminar dos de las calles que circundan el Parque de San Diego
De parque a plaza, ¿la nueva estrategia
para lograr la eliminación de dos calles?













Fotos de archivo
La expedición del Decreto 0356 del 27 de febrero de 2015,
que le permitirá a la Alcaldía 'alquilar' unas aceras y un por-
centaje de varias plazas y espacios públicos residuales del
Centro Histórico, abre el debate sobre si, mediante un sim-
ple plumazo, pueden eliminarse unas calles. Sin embargo,
como se sabe, la discusión sobre el tema no es nueva.


Tal como se informó ayer profusamente, desde el pasado viernes 27 de febrero un porcentaje de unos parques y plazas, así como algunos espacios públicos residuales y varias aceras del Centro Histórico de Cartagena, podrán ser ocupados por particulares para su uso con fines comerciales, previo permiso de la Administración y el compromiso de pagar un canon mensual de arrendamiento. 

Ello, luego de que la Alcaldía expidiera el Decreto 0356 de esa fecha, que permitirá que algunos bares, restaurantes y similares coloquen sillas y mesas en las plazas de Santo Domingo, del Pozo y de San Francisco; los parques de San Diego y Fernández Madrid; y los tramos comprendidos entre el baluarte de San Francisco Javier y el Museo Naval; la plaza de Los Coches y el Palito de Caucho, y la calle La Ronda y la plaza San Pedro Claver, en el Centro Histórico; así como entre la avenida Venezuela y la plazoleta del Joe, en La Matuna, y la Carrera 8-B y la avenida del Arsenal (<<< hacer click).

En términos generales, la medida fue recibida con satisfacción por varios sectores ciudadanos. En algunos, porque coloca a Cartagena a la altura de varias ciudades turísticas del mundo, en las cuales parte del espacio público es entregado a particulares para que presten servicios que, a la postre, se convierten en un atractivo más para uso y disfrute de residentes y turistas. Y en otros, porque, como podría ocurrir en los alrededores del Parque  de San Diego, legaliza una ocupación de hecho que se venía presentando.

Esto último lo destacó -como ya se dijo - el alcalde Dionisio Vélez al diario El Universal al señalar que el decreto promulgado despejaría las dudas existentes sobre el uso de aceras y calles por parte de particulares en el sector "porque antes se tenía la incógnita de si debían o no estar ahí".

Uno de los sectores más contentos con la medida del mandatario fue el de los comerciantes de Cartagena. Mediante un comunicado de prensa, el gremio que los une: Fenalco - Bolívar, expresó su complacencia con la reglamentación de algunos lugares del Centro Histórico de Cartagena ya que, gracias a ella, podrá impulsarse el desarrollo de algunas actividades económicas formales cuya realización es compatible ejecutar en ellos.

Según el remitido, "el comercio organizado siempre ha apoyado todas las medidas tendientes a recuperar y entregar espacios físicos para la movilidad y el libre desplazamiento de la comunidad, en la observancia de criterios que armonicen todas las posiciones y los derechos de quienes pueden verse afectados con la adopción de las mismas".

Pero, además de la natural complacencia en gremios como Fenalco, la reglamentación del uso del espacio público en el Centro Histórico, en el caso particular del Parque de San Diego, produjo varias inquietudes en otros sectores.

Algunas de ellas fueron expresadas por directora (e) de la Corporación Cartagena Visible -CCV, Dora Valencia, para quien, como se informó en la nota 'Mediante Decreto, la Alcaldía legaliza ocupación de las calles aledañas al Parque de San Diego' (<<< hacer click), "el caso viene de 1.999, cuando la comunidad de San Diego tuvo que interponer una acción popular para recuperar el espacio público que, poco a poco, algunos avivatos comenzaban a invadir, con la complicidad de los funcionarios de ese entonces".

De acuerdo con la dirigente cívica, "la pregunta del millón es si se puede, mediante el decreto de un alcalde, entregar a unos particulares unas calles, cuando hay tres sentencias judiciales que le dan razón a la comunidad que exige que a las mismas se les de el uso que por ley deben tener". 

Unas viejas pretensiones

Tras reseñar cómo fue que, durante más de 10 años, unos sandieganos y varios dirigentes comunitarios, entre ellos el entonces presidente de la Red de Veedurías Ciudadanas de Cartagena, Danilo Contreras, lucharon denodadamente porque dejaran de invadir unas calles, contrariando una sentencia del Consejo de Estado, la directora de la CCV recordó otras curiosas situaciones que se presentaron en torno al Parque de San Diego.

Una de ellas -recordó Valencia - es que de manera extraña numerosos pájaros comenzaron a morir, al parecer por la ingesta de comedida envenenada

Y otra fue que, también de forma extraña, varios de los centenarios árboles que brindaban su sombra en el parque comenzaron a perder su follaje y, poco a poco, también a morir.

El caso fue reseñado profusamente por El Universal, que el 20 de febrero de 2002 informó sobre el hecho bajo el título "Otro crimen contra los árboles". Según la nota, el entonces director del Damarena, Rafael Vergara Navarro, justificó la tala de un árbol con más de 100 años de antigüedad ya que, según dijo, se había podrido por "el sistemático derrame de aceite sobre las raíces". Un vecino del sector, sin embargo, le aseguró al reportero del diario cartagenero que "deliberadamente le arrojaron un líquido venenoso".

El caso, según se informó, enfrentó al Vergara Navarro con el personero de la época, Jorge Cárcamo Álvarez, ya que este último, tras un peritaje realizado por varios expertos, conceptuó que el árbol pudo salvarse y que, en consecuencia, lo que se había cometido era un arboricidio.

Luego de conocerse el dictamen de los peritos y la posición del Ministerio Público, varios dirigentes cívicos denunciaron que la tala del centenario árbol no era un hecho aislado (<<< hacer click).

"Yo recuerdo perfectamente ese hecho", reveló la directora de la CCV; "en ese entonces se dijo que todo hacía parte de la pretensión de apropiarse indebidamente del espacio público; una perversa estrategia para apropiarse de las calles. La idea, según se supo, era matar los árboles y eliminar la estructura que bordeaba el parque, con el fin de convertirlo artificialmente en plaza para, entonces sí, adueñarse de las calles impunemente".

"Y fíjese que todo se ha venido dando", manifestó Valencia. "Lea los titulares y las notas de El Universal de ese entonces, y de ahí hacia atrás, y observe que en todas hablan de 'parque', y no de 'plaza' ( <<< hacer click). Ahora, en cambio, lea para que vea, hablan es de 'plaza'. Lo que se asegura es que, habilidosamente, como ya han perdido en todas las instancias judiciales, lo que tratan es de volver a la fuerza 'plaza' lo que desde hace mucho tiempo es un 'parque', con el fin de extender sus límites hasta las casonas que lo rodean, donde tienen sus negocios, haciendo desaparecer las calles y, entonces sí, reclamarlas en concesión o pagar un irrisorio arriendo por ellas".

Ciertos hechos, más recientes, parecen darle la razón a la líder cívica. El 25 de julio de 2014, una cuadrilla del Establecimiento Público Ambiental -EPA taló un viejo árbol de campano frente a la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar -UNIBAC. En la noticia que sobre el caso publicó El Universal bajo el título "Talan restos del campano de San Diego", el periodista señaló: "ayer, mientras el Hotel Santa Clara organizaba una rueda de prensa para conversar sobre la muerte del árbol de campano del Parque de San Diego...". Citando a la directora de ventas y mercadeo del mencionado hotel, Carmen Otero de Millán, aseguró que esta dijo que "el establecimiento ha sido muy consecuente con la situación del Parque San Diego". Y más adelante indicó que "la directora del EPA, María Angélica García (...) extendió invitación a los vecinos del Parque San Diego para que cuiden los árboles".

Sin embargo, un hecho habría de presentarse en mayo de 2014 para que -coincidencialmente - desde entonces se hable de 'plaza' y no de 'parque' de San Diego. Otra acción judicial favoreció a la comunidad del barrio San Diego, al obligar a la Alcaldía de Cartagena a recuperar el espacio público en los alrededores de los parques de San Diego y Fernández Madrid.

Mediante una Acción Popular, los propietarios de los restaurantes Juan del Mar, Juan del Mar Cocina Peruana, Tango Feroz, Restaurante Galería y Zebra Café pretendían que se les permitiera el uso de áreas públicas alrededor de los dos parques, pero un juez determinó que ello no era legalmente posible.

Curiosamente, en esa ocasión, el responsable del apropiado uso del espacio público en el Distrito, Adelfo Doria, confesó que, antes del fallo de tutela, la mayoría de dichos restaurantes, en efecto, "estaban ocupando calles y andenes sin tener permiso para hacerlo".

"Pero no solo sin tener permiso", diría después la directora de la CCV, "en el caso de las calles invadidas al lado del parque de San Diego, el ilícito lo cometían con la complicidad de los brigadistas y agentes del Tránsito y de la Policía que diariamente van al lugar a colocar unas vallas sobre la vía, para que el tráfico se desvíe, y permanecen allí para velar que nadie ose molestar a los clientes de los restaurantes. En otras palabras, con recursos del Distrito se prestaba y se sigue prestando un particular servicio a los negocios del sector".

¿Parque o plaza?

El Acuerdo 010/14, en el cual se fundamenta el Decreto 0356/15 que, según señalan fuentes de la Alcaldía, daría vía libre para que se ocupen indefinidamente las calles colindantes con el parque de San Diego, define 'parques' como "áreas libres públicas, predominantemente arborizadas o ajardinadas que se encuentran localizadas en suelo urbano, y se haya destinada a la recreación, esparcimiento y el ocio, así como a la generación y preservación de los valores paisajísticos ambientales" (SIC).

Y como 'plazas' define el "espacio libre tratado como zona dura, que posee un carácter colectivo y se destina al uso cotidiano, al servir de soporte a eventos públicos; en lugar de encuentro y relaciones entre los ciudadanos, en el cual predominan los elementos arquitectónicos sobre los paisajísticos naturales, y el peatón tiene una condición preponderante".

Con el fin de entender por qué podría ser una estrategia de algunos interesados dar tratamiento de 'plaza' y no de 'parque' al área pública que disfrutan propios y visitantes frente al Hotel Santa Clara y la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar -UNIBAC, como se ha venido asegurando, este portal dialogó con un conocido historiador y un experto en urbanismo con amplia experiencia en control urbano.

Ambos, por diferentes razones, pidieron que no se mencionaran sus nombres, pero fueron generosos en dedicar sus tiempos a explicar qué es plaza y qué es parque y, sobre todo, si consideran que el de San Diego es plaza o es parque.

En términos generales, los dos expertos coincidieron en describir plazas y parques de forma similar a como lo hace el Acuerdo 010/14. Agregan, sin embargo, que a una plaza la caracteriza, sobre todo, "que es presidida por un monumento, con el cual hay una íntima comunión que los une en un solo cuerpo, como si el uno fuera extensión del otro", como señaló el urbanista. "Esos monumentos", agregó, "pueden ser palacios, sedes de gobiernos, museos o catedrales e iglesias". Las plazas, además, suelen ser duras, encementadas o adoquinadas, pero casi nunca arborizadas en su conjunto, lo que sí suele darse, por regla general, en los parques".

"El Parque de San Diego fue, originalmente, desde su fundación en 1608, una plazuela", explicó por su parte el historiador. "Tomó su nombre por el Convento de los Recoletos de San Diego que la presidía, en el mismo lugar donde hoy funciona Unibac. Pero ese convento, fundado por el capitán Jorge Fernández de Gramajo, cambió su uso durante la República, y sus instalaciones fueron una cárcel, un manicomio y hoy es una institución educativa. Desde la desaparición del convento la antigua Plazuela de San Diego, que cambio varias veces de nombre, pasó a ser un parque, con una hermosa arborización y un cerramiento en los laterales, que es otra de las características de los parques que los diferencia de las plazas". 

"Que eliminen los cerramientos e, incluso, que talen todos los árboles, no convierten per se un parque en plaza", manifestó por aparte el urbanista. "Ni la tipología ni las características morfólogicas son absolutas, como sí lo es su conjunción con un importante bien patrimonial o monumento que lo presida, para el caso de las plazas", señaló al conceptuar que el de San Diego "es -sin duda - un parque; las plazas están unidas al monumento que las preside, y fíjese que el Parque de San Diego está rodeado de cuatro calles".

A eso, por lo visto, se refería la directora de la CCV al señalar que lo que viene ocurriendo "es que, como los interesados en apropiarse de unas calles han perdido en todas las instancias judiciales, están tratando de volver a la fuerza 'plaza' lo que desde hace mucho tiempo es un 'parque', con el fin de extender sus límites hasta las casonas que lo rodean, donde tienen sus negocios, haciendo desaparecer las calles y, entonces sí, reclamarlas en concesión o pagar un irrisorio arriendo por ellas".