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Tribuna Libre
Del PUC de Cartagena al PUC de J.M. Santos
Por Carlos Ardila González


En la década de los 70, un grupo de concejales de Cartagena constituyó una aplastante coalición que la picaresca local denominó "El Clan de los Dóberman"; no obstante su reconocida fortaleza, no se trató de la voz unánime de la corporación edilicia: una minoría, conformada por la bancada conservadora (con la única excepción de Víctor Camacho) y varios concejales liberales, hizo valer sus intereses en diversas ocasiones y propició un relativo control político que -al menos - evitó que las ambiciones políticas de la coalición reinante se salieran de madre (>>> leer El Club de los Dóberman).

En los años 80, tras una transición con cambio de nombres pero no de prácticas, se integró otra mayoría similar, pero en esta oportunidad fueron convocados los concejales de todos los partidos y movimientos. Fue una coalición tan sólida que logró imponer como Contralor, durante varios periodos consecutivos, al abogado Hugo de Ávila y a todos sus sucesores, pero también al Personero y a los miembros de la Mesa Directiva del Concejo. Con ese poder, el PUC -Partido Único del Concejo- de Cartagena, como fue bautizada la poderosa coalición, también impuso varios alcaldes cuando se instituyó la elección de éstos (>>> leer El PUC de Cartagena)

Con el poder alcanzado, los nuevos coaligados promovieron el cambio de uso a terrenos estratégicos (como los de Chambacú y la Zona Norte, entre otros), e impulsaron la liquidación de las Empresas Públicas Municipales y la creación de Aguas de Cartagena; la privatización del servicio de aseo y su adjudicación -según denuncias, de forma irregular- a las empresas LIME y Ciudad Limpia; y la privatización de los puertos y las terminales aérea y terrestre, entre otras.

Para ésa época, varios de los concejales que integraban el PUC eran vistos como unos héroes en los sectores populares, ya que, personalmente, eran capaces de resolver los problemas que el Estado, que ellos mismos manejaban, se negaban a solucionar. En otros sectores ciudadanos, sin embargo, cuatro de ellos (Javier Cáceres, Alberto Barboza, Alfonso Anaya y José María Imbett) fueron bautizados como "Los Jinetes del Apocalipsis".

Pero (tal como la historia enseña en el caso de los imperios) el poderío clientelista y político del PUC comenzó a desmoronarse en su época de mayor florecimiento. En las elecciones de 1994, cuando una vez más intentaron imponer alcalde de Cartagena (¡y hasta gobernador de Bolívar!), enceguecidos por el enorme poder político que detentaban, no previeron que la opinión pública podría cobrarles su ambición. Convencidos de que su poder era invencible, escogieron como candidatos, a la Alcaldía a Héctor García Romero (primo del ex alcalde Gabriel García Romero y del ex senador Juan José García Romero), y a la Gobernación a Eduardo Espinosa Faciolince (miembro de uno de los clanes políticos más tradicionales de Bolívar). Según analistas, el fuerte olor a nepotismo que se desprendía de las dos candidaturas fue factor determinante para que ambas fueran derrotadas.

Tras perder el poder que detentaron, varios de los líderes del PUC tuvieron que enfrentar a la justicia en distintos escenarios: Nicolás Curi y Gabriel García fueron objeto de medidas de aseguramiento; Curi, en la actualidad, tiene la casa por cárcel; Barboza ha sido objeto de varias sanciones fiscales; Álvaro Benedetti y José Félix Turbay estuvieron presos dentro del llamado Proceso 8.000; José María Imbett lo estuvo también por la parapolítica; Vicente Blel fue condenado por el delito de concierto para delinquir agravado; y Javier Cáceres es investigado por la Corte Suprema de Justicia por sus presuntos vínculos con paramilitares y su supuesta participación en el escándalo de ETESA.

No sé por qué, pero he recordado la historia del PUC -el Partido Único del Concejo - ahora que el presidente electo, Juan Manuel Santos, ha convocado a todos los partidos y movimientos, incluido el Partido Verde, a gobernar con él a partir del próximo 7 de agosto.

Menos mal que el Polo Democrático, el Partido Verde y algunos liberales han rechazado dicha invitación. Porque, de lo contrario, Colombia hubiese padecido otro PUC (Partido Único del Congreso, aunque, por muchos de quienes han aceptado la convocatoria, podría ser el Partido Único Clientelista). Y digo que 'padecido', porque la oposición es esencial en toda democracia. O dicho de una manera que corresponde más a la actual coyuntura: porque el unanimismo es un paso seguro hacia el totalitarismo.


cardilared@hotmail.com


Junio de 2010

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  * Director de Metro.com