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¿Será adecuado sacrificar la rigurosidad y el buen manejo informativo por cuenta de la inmediatez?

Esta pregunta implicaría muchos debates y discusiones en torno a cómo hacer para que no nos gane el afán de sacar una noticia primero o para los que apenas empezamos en el oficio  tratemos de lisonjear al editor sin sacrificar la calidad y el rigor de la información que se emite.

A partir de la revolución de la Web 2.0, la cual se caracteriza por ser una plataforma o soporte de información de forma ilimitada donde se da la oportunidad de interactuar con el receptor de una manera constante y fluida, los medios impresos de comunicación vieron en este recurso alterno la oportunidad de estar constantemente emitiendo noticias e información casi en tiempo real. De allí la inmediatez.

La inmediatez periodística digital ha cercenado el interior de los contenidos informativos. Textos mal redactados, errores ortográficos, ausencia de fuentes, escasa rigurosidad investigativa; informaciones sesgadas y parcializadas, y algo en el que muchos medios incurren sólo para "impactar" al lector: el amarillismo.

No importar si el titular tiene algo que ver con la noticia, sobredimensionar el texto afectando el contenido mismo de la información,  adjetivar  exageradamente, la no presunción de inocencia de implicados en delitos punibles, los juicios a priori a partir del conocimiento del suceso sin previa verificación y los juicios de valor  son  el pan de cada día en los medios digitales de prensa. Y lo hacen sin el más mínimo sonrojo. En el trascurrir del desarrollo de la noticia pueden colgar o postear cuantas versiones del mismo hecho sean posibles aun cuando ninguna coincida con la anterior y sin una secuencia coherente. Es un periodismo de desfachatez. Una apología al terrorismo informativo, a la irresponsabilidad, a la falta de respeto por el lector.

Es una lástima que este sea otro de los síntomas de la degradación del buen ejercicio periodístico sobre todo en una ciudad como Cartagena, donde adolecemos de medios independientes y con un buen manejo y criterio informativo. Una ciudad inundada de mercenarios, mercachifles mediáticos y redactores amarillistas (una gran mayoría) a los que solo les interesa cumplir con un tope de información actualizada sin importar la calidad del contenido y las consecuencias que de ello pueda traer a los involucrados.

Y en prensa escrita, ¿para qué los editores si los errores garrafales que uno observa en el medio digital son los mismos que uno encuentra en el impreso? Allí no es culpa de la inmediatez. Lo recomendable para los noveles periodistas no es tan descabellado, es de un muy buen periodista aplicar lo que aprendemos en la academia, así le suene idealista a los redactores de Sucesos de El Universal. Si es cuestión de tiempo, en un hecho de asesinato por ejemplo, y si no se ha llegado al lugar de los hechos,  por lo menos sujetarse a los comunicados oficiales de prensa sin emitir juicios amarillistas y sin fantasear con los rumores. Como decía el maestro Ryszard Kapuscinski: "al periodista no ha de preocuparle ser objetivo sino ser honesto". Si no estamos en el lugar de los hechos, por lo menos seamos honestos. Verificar es la clave.


* Estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena
Rigurosidad periodística vs. Inmediatez
Por Juan Diego Perdomo Alaba *

Agosto de 2010

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